domingo 25 de mayo de 2008

// Lo que pienso hoy.


Una de las cosas que detesto hacer, es caminar a paso muy lento, no me gusta porque prefiero dejar ese ritmo cuando sea un anciano, y que, cuando llegue ese momento pueda sentir que el simple hecho de andar me cueste más de lo que yo pueda creer. Sí, lo detesto, pero no puedo entender el por qué estoy haciéndolo. Parece que estoy arrastrando mi vida como si fuera un exceso de equipaje, o una maldita cruz. Estoy caminando un poco cabizbajo, a paso muy lento y en un estado pensativo; cualquiera que me viera podría hasta confundirme con un narcisista, un chico con la peor resaca de su vida, un desquiciado o simplemente un niñato que vive en su propia burbuja.

Camino hacia una plaza cercana a mi casa y en el camino aprovecho a comprar una Coca Cola helada en una tienda de abarrotes donde el bodeguero sólo supo mirarme con expresión de sorpresa e indiferencia, pero desde luego, eso no me importó.

Con la bebida en mi mano derecha, llego a la plaza y me siento con impaciencia en una banca que se encontraba mas o menos al centro de la misma. Recuesto mi cabeza hacia atrás y miro el cielo gris que permanecía igual desde hace varios días. -Me mimetizo con el paisaje- me digo con sarcasmo. Creo que tengo razón, a las finales un día gris puede ser excusa para que los ánimos sean neutros y hasta tristes. Es estúpido llenarme de pretextos para justificar este desánimo.

Pasan incontables minutos en los que no dejo de mirar a algunos niños correr, a las ramas de los árboles moverse gracias a las pequeñas brisas de viento y a gente de todo tipo transitando por contados segundos a través de la pequeña plaza. Mientras veo a esas personas voy dando pequeños sorbos a mi bebida que aún se mantiene helada y que con cada segundo q pasa voy disfrutando más y más. En uno de esos momentos es que veo a Johana y a Rodrigo, dos amigos míos, que pasan caminando muy sonrientes y que antes de sentarse en una banca, me miran y me saludan casi al mismo tiempo, creo que está demás decir que ellos se encontraban bastante alejados del lugar en que yo estaba, además que, ni yo ni ellos tomamos una iniciativa de acercarnos. Creo que fue mejor dejarlos solos, total, a ellos muchas veces les gustaba estar así.

Ellos dos son de esos chicos que todo el mundo dice que no solo son amigos, que se traen algo más, que van a terminar como enamorados, que seguro llevan ya una relación a escondidas. Sucede que ellos se conocen desde hace mucho tiempo y a partir del primer día en que se vieron no dejaron de conversar, mucho menos dejar de salir juntos. Puede decirse que hubo química desde el comienzo, es más, a lo largo de esos siete meses habían tenido unas pequeñas discusiones por simples celos, las causantes fueron algo lógicas: La ex enamorada de Rodrigo y un ferviente pretendiente de Johana.

Es algo tonto verlos alejados en la misma fiesta. Parecían dos niños que se enojan porque se les niega un caramelo o un chocolate. Desde luego que su interés y su gusto era siempre visible porque intercambiaban miradas, o buscaban cualquier excusa para alejarse del grupo y se daban un tiempo para conversar y averiguar qué cosa pasaba y qué cosa los estaba teniendo así, alejados. Los malentendidos duraron hasta que los dos decidieron asincerarse, y así aceptar que a Johana le molestaba saber sobre la ex de Rodrigo, como así también a mi querido amigo le incomodaba que un chico esté afanando tanto a Johana.

Me es agradable recordar el grado de amistad que me llevo con ellos dos, porque gracias a eso pude saber todos estos detalles. Lo raro es que nunca quisieron contestarme si es que sentían un gusto por el otro, pero bueno, a mis ojos eso era más que obvio porque puedo ver que mientras los dos se quieren, él la admira y ella confía en él.

No puedo dejar de pensar e imaginar. Por mi cabeza corren miles de preguntas como miles de suposiciones. ¿Quién de los dos se atreverá a dar el primer beso?, ¿Lucharían por estar juntos?, ¿Tendrían una relación real o de plástico?, ¿O quizás solo prefieran ser amigos para no arruinar su amistad?, ¿Rodrigo tendrá miedo de confundir la pasión con sus sentimientos otra vez?, ¿Johana no aceptará estar con él por que siempre va a creer que no lo conoce lo suficiente?, ¿Se animarán a arriesgarse?.

No lo sé. Veo que uno de los dos debe de dar la iniciativa. Y es que al verlos no puedo evitar sentir algo de envidia. Mientras ellos están sentados en una banca cualquiera, disfrutan de su compañía, se valoran, tienen conversaciones de todo tipo, se dan abrazos prolongados porque han aceptado que se quieren mucho, llevan una inquieta amistad desde hace mucho, si están tristes o felices sólo cogen el celular y llaman o mandan un mensaje de texto porque se ponen ansiosos por contárselo a la otra persona. Veo muchas cosas en ellos, como que yo también estoy sentado en una banca cualquiera con una botella de coca cola que ya está tibia por el calor de mis manos y que se encuentra casi vacía. Es verdad, sólo puedo sentir envidia por esa felicidad que reflejan con total naturaleza.

Falta poco para que sea medio día y el sol aún no da rastros de querer aparecer. Ya he tenido suficiente tiempo para focalizarme en mi mismo y en mis pensamientos. He tenido tiempo suficiente para disfrutar de mi bebida favorita. El resultado es casi siempre el mismo, me doy cuenta que hay algo que me falta y que si doy muchas vueltas en eso puedo terminar entristeciendome.

Conviene relajarme. Sonrío. Reacciono. Al verlos puedo entender que aún puedo descubrir esa inocencia de una sonrisa correspondida y la sensación por querer que un abrazo no se acabe. Sonrío aún más porque estoy seguro que yo también podré vivir una historia igual o mejor que la de ellos. Confío en que deba solo esperar.

Me levanto de mi sitio respirando con una fuerza diferente. Ya no quiero volver a caminar a ese ritmo lento que tanto detesto y mucho menos quiero mimetizarme con el puto cielo gris. Quiero que las cosas cambien y estoy seguro que así será. Hago una seña a Rodrigo y a Johana y me despido de ellos a lo lejos. Al caminar siento que quizás el cielo sea el mismo, que quizás las ramas de los árboles hagan el mismo sonido al ser impactados por las corrientes de viento, que quizás mis dos amigos sigan sonriendo como siempre, que quizás siempre compre la misma coca cola. Quizás todo sea lo mismo, pero hoy camino con una sonrisa diferente, con una sonrisa llena de mi mismo y de esperanza.


Imagenes de aquí, y aquí.

6 Comentarios. Anímate, deja el tuyo:

Anónimo dijo...

mui mostro0 eh coo siempre amio0 bye cuidec XD**

Mónica...Cine Cuentos. dijo...

Hola Robert..¿cómo estás? ¡tanto tiempo! Yo engripada y en cama... así que medio alejada del blog. Ya va a pasar.

Me gustó tu relato y la conclusión que llegué por tus palabras es que... todo está dentro nuestro. Nada más.

Bsss. Nos leemos

M.M. dijo...

Muy buena historia, relato o crónica. Y como bien dices, lo que menos es perder la esperanza y caminar rápido, no con ese paso lento y en la columna derecha hay un escrito tuyo que dice que existe una mujer que pronto te encontrará ó de lo contrario tú a ella. Cada cosa en su tiempo, en su lugar. Nada esta escrito, y a la vuelta de la esquina, esa coca cola puede pasar a segundo plano y la vida cambiar...como dice el comrercial.

Un gusto conocerte Robert y saber que eres peruano, igual que yo.

Saludos,

M.M.

SHEREZADE dijo...

Un poco de ti, nunca se deja lo suficiente.
Un beso
paseando
Dios te bendiga

Anónimo dijo...

Lo lei de nuevo y me gusta mucho.


Guess Who!?

Anónimo dijo...

ahahahhahaha


m dices???? ^^ XDXD jajaja